Mercería e Hilo Mercerizado: Una Coincidencia Histórica
Dos términos indispensables de la costura con orígenes completamente diferentes
8 junio, 2026 por
Mercería e Hilo Mercerizado: Una Coincidencia Histórica
Jorge Rivas

    El mundo de la costura está lleno de historias fascinantes. Una de las dudas más frecuentes en el sector textil gira en torno a dos términos que utilizamos a diario: ¿Qué relación existe entre una mercería y el hilo mercerizado? Hoy descubriremos que, más allá de su similitud en el nombre, poseen orígenes completamente diferentes.

    ¿Qué es una mercería y por qué se llama así?

    Hoy en día, una mercería es el establecimiento comercial especializado en la venta de útiles para la costura, la confección, el tejido y las manualidades (hilos, botones, agujas, cierres, cintas y encajes). En algunos países también se le conoce como tienda de hilos o cordonería.

    La palabra proviene del francés antiguo mercier (mercader), que a su vez tiene su raíz en el latín merx, que significa "mercancía" (la misma raíz de donde derivan términos como mercado ó comercio).

    En los siglos XII y XIII en Europa, los merciers no vendían hilos y botones como los conocemos hoy. Eran mercaderes que formaban parte de un gremio muy poderoso; no fabricaban productos, sino que comercializaban "objetos pequeños y artículos de lujo" traídos de otras regiones (joyas, encajes finos, agujas de metal, cintas de seda y hebillas). Con el paso de los siglos, el término se especializó, dejando atrás las chucherías para concentrarse exclusivamente en los accesorios necesarios para la vestimenta.

    ¿Por qué al hilo se le llama "mercerizado"?

    Existe una confusión muy común debido a la similitud de las palabras; sin embargo, el término "mercerizado" no tiene relación con la palabra "mercería". Se trata de una simple coincidencia lingüística, ya que el hilo recibe este nombre en honor a su inventor: John Mercer.

    En 1844, este químico y fabricante de tejidos británico patentó un proceso revolucionario para el hilo de algodón. El algodón natural es opaco, ligeramente rugoso y tiende a encogerse. Mercer descubrió que si trataba el hilo con una solución de soda cáustica (hidróxido de sodio) y posteriormente lo lavaba, la estructura de la fibra cambiaba por completo a nivel molecular.

    Las fibras del hilo, originalmente planas y retorcidas, se hinchan, se enderezan y adoptan una forma cilíndrica. Al volverse liso, el hilo refleja la luz de manera óptima, adquiriendo un brillo espectacular, muy similar al de la seda. Además, el material se vuelve considerablemente más resistente, no se encoge con las lavadas y absorbe los tintes con mayor intensidad, razón por la cual los hilos mercerizados lucen colores tan vivos.

    Años más tarde, en 1890, el químico Horace Lowe mejoró este procedimiento estirando el hilo mientras se encontraba en el baño químico, incrementando aún más su brillo. A partir de allí, el proceso se consolidó como "Mercerización" y el producto final como Algodón o Hilo Mercerizado.

    Cuando se visita la mercería (la tienda de mercancías pequeñas) para adquirir hilo mercerizado (el hilo brillante que inventó el señor Mercer), se están cruzando dos historias totalmente diferentes unidas en el mismo mostrador.